2013 so long, farewell

Ok, una vez más el fin de año llega como esos vientos de lluvia que te dan vuelta el paraguas en forma inesperada y te dejan en orsai. Lo de lo inesperado es paradójico porque todos vemos en tiempo real cómo se descuenta el año irremediablemente hacia su fin, pero yo me encuentro, una vez más, abrumada por el calendario. Y podría agregar: por las redes sociales y la generación Z y la velocidad de la comunicación contemporánea y los discos del año que en su mayoría no escuché, los libros que no leí, los tweets que no hice, las fotos que no compartí y las reseñas de restaurantes que tuvieron un momento de vida solo en mi cerebro humedecido a estas alturas como el pan de una panzanella. Que conste que no tengo hijos, así que vaya aquí mi admiración a todas las madres y los padres modernos del mundo. Antes de que termine, entonces, me esfuerzo por ordenar algunas letras con impresiones erráticas sobre los restaurantes que visité este año y sobre los que me hubiera gustado escribir.

elefantenunbazar.wordpress.com1. María Fedele. Un muy lindo lugar que pasa casi desapercibido sobre la calle Bolívar, gran opción para comilones que aspiran a superar el nivel del bodegón, tanto en el plano gastronómico como ambiental. Sin carta y por un cubierto fijo para nada delirante, la experiencia consiste en sentarse a comer, uno tras otro, los muchísimos platos que comprende un menú italiano bien tradicional: antipasti que van variando (he probado berenjenas en distintas preparaciones; una peperonata excelente; muy buenos jamón crudo y soppressata; riquísimos patés); pasta en diversas formas (orecchiette, lasagnas, ravioles), en general con salsa blanca o una muy buena salsa de tomate (que viene por lo general ya con queso y mucho); carne o pollo a la cacerola o a la plancha, con verduras; y el infaltable dolce, siempre increíble: uno de los mejores tiramisù de Buenos Aires, a lo que se suma toda otra serie de dulces italianos como cannoli o esas masas fritas con miel y azúcar impalpable, que con variaciones se repiten de una región de Italia a otra, sencillamente inolvidables. Todo en cantidades mayores a las ingeribles incluso por gente que come mucho, y de muy buena calidad. La atención siempre tranquila y esmerada, si no nos dejara de cama iríamos mucho más. Recomendadísimo.

elefantenunbazar.wordpress.com2. Pérez-H. Este lo vi muy citado y recién lo conocimos hace poco. Si le ponen otro aire acondicionado, tiene todas consigo para que le vaya tan bien como hasta ahora en el verano, época de pocas hamburguesas, la propuesta de este pequeño lugar de bancos altos de madera, barra ídem y pizarras coloridas. Probamos una con salsa criolla, muy jugosa y (dentro del rubro) “fresca”, y otra con panceta y cheddar, enorme y resbalosa. La carne es buena y las porciones generosas sin caer en lo imposible. Los precios muy buenos (entre $35-50), y por $5 más salen con papas o batatas fritas caseras y crocantes. Hay limonada y cervezas, y de postre unos alfajorcitos (aunque en este punto cabría incorporar alguna opción más veraniega). Para repetir.

3. Mesa 524. Un hit and miss. Celebré muchísimo su apertura, porque me cuento entre las entusiastas que piensan que San Telmo puede reverdecer. Una casona reciclada, piso de mosaico, mesas de madera y gran ventanal me daban la razón. Pero fuimos tres veces y todavía no veo que hayan encontrado su personalidad, por no decir que habría que ponerle un poco más de atención a detalles como la frescura del pan, la temperatura de los platos, la insistencia del servicio y la iluminación nocturna. Todo puede mejorar y volveremos a darle otra chance porque, en principio, el tono sutilmente latinoamericano de la carta a mí me convence. Lo que no me convence es que no aspiren a que cada plato sea lo que promete. No aflojen, muchachos, pero media pila.

elefantenunbazar.wordpress.com4. Florería Atlántico. Fui dos veces, las dos problemáticas por la atención, las dos decepcionantes en distinta forma, aunque lo celebraron al infinito como una de las grandes aperturas del año. Una vez comimos muy bien (un pulpo excelente, langostinos con una cremita de vainilla súper ricos), las dos veces los tragos nos dejaron indecisos, aunque como género literario la carta tiene alto vuelo. La moda vintage de beber en frascos me parece un bodrio, y los precios, al igual que en Frank’s y muchas otras barras, son un verdadero disparate para el ciudadano común que, hélas, no parece el perfil de público de este lugar al que no volvería.

5. El Banco Rojo. Ya es algo así como un clásico del barrio, el lugar que te hace quedar como un idiota si decís que no lo conocés. Buena opción de mediodía, aunque a veces abre también de noche, en la cuadra del mercado de San Telmo, para darle al sándwich pilas (Philly cheesesteak, por ejemplo, con una suerte de coleslaw, cilantro y varias cosas más) o la hamburguesa casera (creo haber visto alguna vez que había de cordero). Se come en barra o se lleva y todo lo prepara a la vista un grupo de desclasados buena onda. La comida puede salir con o sin bebida, y con o sin unas papas fritas cortadas en rodajitas, muy inspiradoras de gran siesta. Para tener en cuenta cuando el hambre arrecia.

elefantenunbazar.wordpress.com6. Trattoria Olivetti. Otro al que le dieron mucha, mucha rosca este año, en la esquina de lo que era un Pizza & Espuma. Le dimos una chance hace unos días. Lo mejor fue el Campari con naranja, que vino con jugo natural exprimido, un detalle muy destacable. El resto más o menos: la atención psicótica, indecisa entre el profesionalismo y el maltrato típico de Palermo. Comimos una gran tabla, las aceitunas rebozadas muy aceitosas, los calamares ricos, las mini mozzarelle in carrozza medio secas, las berenjenas ok, las bruschettas interesantes y los fiambres buenos. El tiramisù bizarro, parecía un postre de dulce de leche. No es barato, aunque habría que volver a probar los principales.

7. Farinelli. La segunda sucursal de este emprendimiento estéticamente fascinante, en Arroyo y Esmeralda, se diferencia del local inaugural por el espacio, muy bien resuelto sin faltarle en nada al espíritu del primer enclave, entre diner neoyorquino, subte parisino y bar lácteo nórdico. La pastelería sigue siendo muy buena, la atención desorientada y las opciones saladas interesantísimas (siempre muy buenos sándwiches, hamburguesas, algún plato del día y ensaladas sorprendentes). El brunch no es malo, aunque sí bastante caro, y las hash browns que sirven (resecas, finitas, medio quemadas) le quitan mucha dignidad a todo lo demás. Entre los locales es un verdadero hit. Da para ir.

elefantenunbazar.wordpress.com8. Que Nadie Sepa. Una nueva apertura en San Telmo, casi al lado de mi querido El Refuerzo, para una cena un poco más consentida. El lugar está bien puesto, recuerda a una sala de estar por la iluminación atractiva y cálida. La carta es corta y extraña porque mezcla opciones de inspiración asiática y francesa. Probamos el boeuf bourguignon, que estaba rico pero tibio y no tan tierno como se esperaría, que venía con un puré de papas muy bueno, y un pollo especiado y con menta, acompañado de arroz, yogur y un chutney de tomate, que estaba en su sumatoria muy bien. La crême brulée también rica, cremosa y con el azúcar crocante. Precios normales, dentro de la locura de precios actual. Volveremos.

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9. Malvón. Este ya es un clásico de Villa Crespo, aunque no hace mucho era el único lugar potable cerca de esos outlets del demonio. El pan es excelente y nada caro, la pastelería también. Fuimos hace poco al brunch, que los fines de semana hace estallar las instalaciones, no del todo convincentes desde mi punto de vista (siempre le vi algo inacabado medio hippie, aunque tiene su encanto). El brunch es gigantesco y llega con un shot de ¿granola? con una salsita dulce, unos cornbread muffins con manteca totalmente alucinantes (calentitos, se deshacen entre los dedos y generan esa adicción de lo siempre igual que hace que uno no pueda parar de comerlos), un aperitivo, una panera con manteca con ¡frutilla! y un plato principal. De estos, yo probé las BBQ ribs de Salva que eran mil y estaban deliciosas, y un popover veggie más atractivo a nivel estético que entretenido en el paladar (aunque rico), acompañado de un hummus excelente. Se puede pedir con o sin alcohol y los precios rondan los $90-120. Es divertido aunque un poco caótico. Volveremos.

Y quedan muchos otros, pero mi energía hasta aquí llega. Por un año lleno de buena comida, buena bebida y buenos momentos. ¡Salud!

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2 pensamientos en “2013 so long, farewell

  1. Menos mal que no te encapsuló el formato de reseña y pudimos tener este combo de último momento.

    Muy útil todo.

    Quiero agregar que María Fedele se está relocalizando y que Farinelli reanima toda esa esquina pero confunde al cliente con la miniaturización de sus platos.

    Salud 2014!

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